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07 Julio 2026

Publicada la edición 2024 de la Estadística Minera de España

Información de Fueyo Editores

Como viene siendo habitual, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha editado recientemente la nueva edición de la Estadística Minera de España 2024, un documento muy completo que desmenuza, aunque sea con el decalaje de un año, todo el sector minero español, tanto la minería metálica, como la industrial, la roca ornamental y el árido.

El valor total de la producción minera en España en 2024 se sitúa en el entorno de los 3.600 millones de euros, una cifra que, si bien no representa un peso dominante dentro del conjunto del PIB industrial, adquiere una relevancia estratégica desproporcionada en relación con su tamaño. Esta aparente paradoja se explica por el hecho de que la minería constituye el primer eslabón de múltiples cadenas de valor industriales, desde la construcción hasta la industria química, pasando por la fabricación de componentes electrónicos, baterías o sistemas energéticos. Por tanto, su impacto no debe medirse únicamente en términos directos, sino también por su capacidad de arrastre sobre otros sectores. Desde una perspectiva histórica, el sector minero español ha experimentado una transformación profunda en las últimas dos décadas. A comienzos del siglo XXI, la minería metálica atravesaba una crisis severa, con una reducción drástica de la producción y el cierre de numerosas explotaciones. Esta situación se vio agravada por la crisis financiera de 2008, que afectó especialmente a los subsectores vinculados a la construcción, como los áridos y las rocas ornamentales. Sin embargo, a partir de la década de 2010 se observa un cambio de tendencia, impulsado por la recuperación de la demanda internacional de metales y su reconocimiento como materias primas fundamentales.

Este proceso de reactivación se materializa principalmente en la minería metálica, con un fuerte impulso en la Faja Pirítica Ibérica, donde se desarrollan proyectos de gran escala centrados en la extracción de cobre, zinc y otros metales. La producción de cobre, en particular, se convierte en el principal motor económico del sector, con cifras que alcanzan aproximadamente 300.000 a 350.000 toneladas de cobre contenido, derivadas del tratamiento de entre 1,6 y 1,7 millones de toneladas de mineral, generando un valor superior a los 1.000 millones de euros. Esta concentración del valor en un único mineral pone de manifiesto tanto la fortaleza como la vulnerabilidad del sector, al depender en gran medida de la evolución de los precios internacionales del cobre.

Junto al cobre, otros metales como el zinc, el plomo y el wolframio presentan producciones más modestas, aunque estratégicamente relevantes. El zinc y el plomo se sitúan en rangos conjuntos de decenas de miles de toneladas anuales, mientras que el wolframio, con producciones del orden de 500 a 1.000 toneladas de concentrado, adquiere un valor elevado debido a su uso en aplicaciones industriales críticas.

El oro, producido en menor medida y a menudo como subproducto, completa el panorama de la minería metálica, aportando valor añadido en función de su cotización en los mercados internacionales.

En paralelo, el subsector de los minerales industriales muestra una notable diversificación, con producciones significativas en sustancias como la fluorita, el feldespato, el yeso o el estroncio. La fluorita, con una producción estimada de 120.000 a 150.000 toneladas anuales, genera un valor aproximado de 80 a 120 millones de euros, consolidando a España como uno de los principales productores europeos. El feldespato, con más de 700.000 toneladas anuales, desempeña un papel fundamental en la industria cerámica, mientras que el yeso, con producciones superiores a los 10 millones de toneladas, constituye uno de los productos más relevantes en términos de volumen.

El estroncio, cuya producción se sitúa en torno a las 100.000 toneladas de celestina, destaca por su carácter estratégico, al ser España el único productor europeo. Este mineral, aunque menos conocido, tiene aplicaciones en sectores tecnológicos específicos, lo que le confiere un valor añadido significativo. Otros minerales industriales, como la magnesita o la sepiolita, completan un subsector que, aunque menos visible que la minería metálica, resulta esencial para el funcionamiento de diversas industrias.

El subsector de las rocas ornamentales presenta una combinación de volumen y valor añadido que lo convierte en uno de los pilares del sector. La pizarra, con producciones superiores al millón de toneladas anuales, sitúa a España como líder mundial, con un fuerte componente exportador y un valor estimado superior a los 400 millones de euros. El mármol y el granito, con producciones cercanas a los 2 millones de toneladas cada uno, completan un subsector que, aunque dependiente del ciclo de la construcción, mantiene una posición relevante en los mercados internacionales.

Sin embargo, es en el subsector de los productos de cantera donde se alcanza el mayor volumen de producción. Las arenas y gravas superan los 150 millones de toneladas anuales, mientras que las calizas alcanzan cifras superiores a los 100 millones de toneladas. En conjunto, este subsector genera un valor estimado de entre 1.200 y 1.400 millones de euros, lo que lo convierte en uno de los principales contribuyentes en términos absolutos. No obstante, su bajo valor unitario y su elevada dispersión territorial limitan su capacidad para generar valor añadido, configurando un tejido productivo altamente fragmentado.

El análisis detallado de las tablas permite profundizar en la estructura del sector. En términos de empleo, la minería española mantiene en torno a 30.000 empleos directos, con una distribución muy desigual entre subsectores. Los productos de cantera concentran una parte significativa del empleo debido a su elevada dispersión, mientras que la minería metálica presenta un mayor empleo por explotación, reflejando su mayor intensidad en capital y tecnología. Esta diferencia se traduce también en una mayor cualificación del empleo en el subsector metálico, donde la complejidad técnica de las operaciones exige perfiles profesionales más especializados.

Las tablas relativas al tamaño de las explotaciones muestran que aproximadamente el 75% de las unidades productivas cuentan con menos de diez trabajadores, lo que evidencia una estructura empresarial muy atomizada, especialmente en el subsector de cantera. Sin embargo, esta fragmentación convive con grandes explotaciones metálicas que concentran una parte significativa del valor y de la inversión, lo que refuerza la dualidad estructural del sector.

Desde el punto de vista territorial, la minería española presenta una clara especialización regional. Andalucía lidera el valor de la producción, con cifras que superan los 1.500 millones de euros, impulsadas principalmente por la minería metálica. Galicia destaca en la producción de pizarra, mientras que Castilla y León presenta una actividad relevante en minerales industriales y wolframio. Cataluña, por su parte, concentra un elevado número de explotaciones de cantera, con una producción significativa de áridos y calizas.

El análisis de las materias primas fundamentales refuerza la importancia estratégica del sector. La producción conjunta de minerales como el cobre, la fluorita, el feldespato, el estroncio y el wolframio alcanza un valor cercano a los 830 millones de euros, consolidando a España como un actor relevante en el suministro europeo de estos recursos. Este dato adquiere una especial relevancia en el contexto de las políticas europeas orientadas a reducir la dependencia de terceros países y a reforzar la producción interna de materias primas críticas.

Desde una perspectiva técnica, la principal conclusión que se desprende del análisis es la existencia de una divergencia estructural entre volumen y valor. Mientras que los productos de cantera dominan en términos de toneladas, son los minerales metálicos y ciertos minerales industriales los que generan la mayor parte del valor económico. Esta realidad obliga a replantear el análisis del sector, desplazando el foco desde la producción física hacia la generación de valor añadido y la integración en cadenas industriales.

En este sentido, el futuro de la minería española dependerá en gran medida de su capacidad para consolidar su posición en el ámbito de las materias primas estratégicas, al tiempo que avanza en la modernización de su estructura productiva. La digitalización, la automatización y la sostenibilidad serán elementos clave en este proceso, junto con la necesidad de mejorar la aceptación social de la actividad minera y su integración en el territorio.

En definitiva, la minería española en 2024 se caracterizó por una estructura compleja y dual, en la que coexisten actividades de gran volumen y bajo valor unitario con otras altamente especializadas y estratégicas. La Estadística Minera proporciona una base sólida para comprender esta realidad y para orientar las decisiones que definirán el futuro del sector en un contexto marcado por la transición energética y la transformación industrial.

 

Información de Rocas y Minerales

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